miércoles, 23 de marzo de 2011

El 'oso de peluche' de los eucaliptos

Si hay un animal en el mundo cuya existencia esté vitalmente relacionada con el eucalipto, éste es el koala. Sin lugar a dudas, este perezoso oso de peluche ha sabido adaptarse a los cambios que ha experimentado su entorno natural y evolucionar junto a los eucaliptos a lo largo de millones de años.

Las características del koala están perfectamente adaptadas a su vida arborícola y a los bosques de eucaliptos de Australia, su único hábitat y fuente de alimento, ya que este marsupial solo come las hojas y las yemas de estos árboles.

El koala tiene una longitud corporal de unos 76 centímetros y un macho puede llegar a pesar hasta 14 kilos –las hembras no superan los 11 kilos-. Su cuerpo es rechoncho y está cubierto de un pelo suave de color marrón grisáceo. Tiene la cabeza grande y redonda, y sus orejas son peludas, grandes y redondeadas. La dentadura del koala está adaptada a su dieta herbívora, con unos afilados incisivos que utiliza para cortar hojas al frente de su boca. Estos animales viven en los árboles y su actividad es mayoritariamente nocturna. Para ahorrar energía, duermen 20 horas al día.

Los dientes del koala están especialmente adaptados para comer hojas de eucalipto. Recolectan las hojas con los incisivos superiores e inferiores y el hueco que tienen entre los incisivos y las muelas les permite mover las hojas de un lado para otro con la lengua sin morderse. Las muelas tienen una forma especial que hace que también puedan trocear la comida, en vez de solo triturarla. De este modo, los dientes quitan la humedad a las hojas y destruyen su fibra al objeto de facilitar la digestión.

El eucalipto les aporta azúcares, almidón, grasas y proteínas. En un proceso digestivo relativamente largo, extraen el agua y los alimentos aprovechables. Como sus alimentos son difíciles de digerir, poco energéticos e incluso tóxicos, los koalas tienen un apéndice que es muy largo y que puede alcanzar hasta 2,5 metros. Aquí las bacterias ayudan a digerir las fibras y permiten que se lleve a cabo una especie de fermentación. Además, su lento metabolismo posibilita que se almacene el eucalipto durante bastante tiempo, en el que se pierde la mayoría de la energía. Esto les lleva a un bajo consumo de energía, que es inferior al del resto de los animales herbívoros.

Los koalas son muy exquisitos a la hora de elegir las hojas de eucalipto con las que se alimentan. Primero, estiran un brazo y cogen con mucho esmero algunas de las hojas seleccionadas. Luego las olisquean con cuidado antes de hincarles el diente. Por último, las mastican hasta hacerlas una papilla y se las tragan.

Estos osos de peluche pasan la mayor parte del tiempo subidos a los eucaliptos. Son unos magníficos trepadores, gracias a contar con unas extremidades relativamente largas. Sus manos, pies y garras reúnen las cualidades necesarias para agarrarse y balancearse en las ramas. Para subirse a un eucalipto, brincan desde el suelo, se sujetan a la corteza con sus garras y trepan. Suben y bajan de los árboles siempre con la cabeza hacia arriba.

Los koalas se pueden llevar una hora encaramados a una misma rama. Mientras duermen, se sujetan a las horquillas para no caerse y el pelaje del trasero, especialmente espeso, les permite apoyarse en las ramas más duras. En los días fríos, húmedos y ventosos, se enrollan como una bola para ocupar menos espacio y desprender el menor calor posible. Cuando llueve, el agua se desliza por el lomo al igual que sucede con los patos. En jornadas calurosas, secas y bochornosas, no sufren porque el pelaje de su pecho, que es claro y largo, absorbe el calor, y, cuando hace viento, su pelo se mueve y así se refrescan.

Hoy en día, el koala es símbolo de Australia, al igual que el canguro, y gracias a su belleza inusual es un animal muy popular en todo el mundo.

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